Lo primero que debes saber es que la elección no debe basarse únicamente en el material. Para definir la solución adecuada hay que valorar el sistema completo: el tipo de cubierta, las cargas, la disposición de los apoyos, si la estructura es continua o discontinua y las condiciones de instalación.
El ambiente condiciona especialmente la elección en zonas marinas o industriales agresivas; en el resto de ubicaciones, suelen pesar más factores como la resistencia, el peso, la facilidad de montaje o el coste.
El acero ofrece una resistencia mecánica elevada y suele tener un precio menor. En una instalación fotovoltaica convencional, esta mayor resistencia puede permitir optimizar la distancia entre apoyos, siempre de acuerdo con el cálculo del sistema.
Los perfiles de acero INDEX® son cortables y modulables a medida, lo que facilita su adaptación a cada proyecto. Además, el recubrimiento Atlantis C4-M aporta protección frente a la corrosión y capacidad de autorreparación en bordes cortados o pequeños arañazos.
El aluminio presenta una excelente relación entre peso y resistencia. Permite obtener elementos más ligeros y fáciles de transportar, manipular e instalar. De forma natural, genera una capa pasiva de óxido estable que proporciona una buena protección frente a la corrosión.
Además, su elevada conductividad térmica también favorece la disipación del calor y ayuda a evitar su concentración en puntos concretos de la estructura. A ello, se suma su alta reciclabilidad.
El aluminio anodizado mantiene las ventajas del aluminio natural e incorpora una protección superficial adicional que aumenta notablemente su resistencia a la corrosión. Se recomienda especialmente en ambientes marinos o industriales agresivos, donde la exposición ambiental exige mayores prestaciones superficiales.
Como orientación general, el aluminio es la solución estándar, el aluminio anodizado es adecuado cuando se quieren mejorar las prestaciones superficiales frente a la corrosión y el acero Atlantis C4-M es una opción interesante cuando se busca una solución robusta, estructuralmente eficiente y modulable. Eso sí, la elección final debe validarse siempre sobre el conjunto del sistema y las condiciones reales del proyecto.